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jueves, 28 de febrero de 2013

No seáis idiotas, y vivid mientras podáis.

Ellos lo hacen, ¿Por qué tú no?
Más que darte lástima, deberían ser un modelo a seguir. Ellos son fuertes. Nosotros solo lo fingimos.

Mi verdad, la mentira de Aristóteles.

La verdad Aristotélica no es más verdad que la mía. Cierto es que gran parte de sus obras se perdieron, las que no, se encuentran el Corpus Aristotélico, pero yo me baso en lo que sé. 
Y sé que Aristóteles, como cualquier otro filósofo (o por lo menos, la mayor parte de ellos) encuentra la felicidad en el saber, en la sabiduría y la inteligencia. En el conocer y la curiosidad. 
El ser humano se mueve por curioso. El objetivo del ser humano no es, por ejemplo, para un avaricioso, el hecho de tener dinero en sí, o para un lector, el hecho de tener un libro entre las manos. Es la curiosidad de que podré hacer con el dinero, o que aprenderé cuando me lea dicho libro. Al ser humano lo castigan por curioso, lo premian por curioso, lo maltratan por curioso, y vive por curiosidad. 
El objetivo de una vida humana es el conocimiento, una vida llena de saber, con un camino lleno de los miles o millones de datos que podemos acumular a lo largo de nuestras vidas. ¿Por qué? ¿Por qué nos dirigimos hacia esa meta? ¿Y no hacia la del placer carnal, por ejemplo?
Sencillo, simple. Porque desde pequeños, incluso desde antes de tener sentido común o de poder atarnos los cordones solos, nos han enseñado que aprender es bueno. Y nosotros, sin juicio alguno, hemos asumido lo bueno como el camino hacia la felicidad. Dicho en otros términos: solo el conocimiento nos lleva a la felicidad.
Y yo, como ser humano, no puedo discrepar más en este asunto. El conocimiento nos aburre, la curiosidad nos duele, y algunos de los datos que llegamos a conocer, cambian nuestras vidas, muchas veces para mal.
El ser humano no quiere vivir en una verdad dolorosa, prefiere una mentira piadosa que le haga feliz. 
El ignorante, es feliz. El que tiene pareja durante años, y no sabe que su pareja le engaña, (es más, ni siquiera se lo imagina) es feliz. El que lo descubre, estará triste durante días, meses, e incluso años.

Tal vez, vivir en una mentira no sea lo más correcto, ni lo más humano, pero a veces es lo más piadoso, y la única manera de ser feliz.

Aquel conoce cada consecuencia de sus actos, vivirá culpable por haberlos cometido. Aquel que los desconoce, vivirá. Simplemente, vivirá. Pues nada de lo que haya hecho tendrá repercusión en su día a día.

Dicho lo dicho, no me toméis por alguien a favor de la ignorancia. Soy una persona en búsqueda del verdadero significado de la libertad, el cual por cierto relaciono con el conocimiento. Lo que me lleva a oponer la libertad a la ignorancia, y por tanto a la felicidad. O por lo menos, a la felicidad perpetua.

Las personas que, como yo, busquen el conocimiento, pueden alegar hacerlo por diversos y diferentes motivos, pero todos éstos están movidos únicamente por un objetivo: el triunfo. 

Actualmente: el triunfo de sacar más nota que los demás. El triunfo de poder estudiar lo que quieras en la universidad. El triunfo de ser el primero en inventar una energía rentable cien por cien y ''contaminantemente'' hablando, nula. El triunfo de ser el primero en saber si el universo es infinito, de llegar a Júpiter, de crear una cura contra el SIDA... Triunfos, al fin y al cabo. Nos movemos por ir siempre un paso por delante de los demás, siendo estos pequeños momentos en los que tomamos la delantera o el control, los momentos que nos hacen feliz esporádicamente dentro de la libertad.

En resumen, puedes ser un ignorante constantemente feliz, o una persona libre, sabia, y con breves momentos de felicidad.