Vistas de página en total

martes, 29 de octubre de 2013

Solo. Cobarde. Débil.

Siento como pasan los días entre la más terrible soledad. De una mano, la tristeza. De la otra una botella que nunca acaba. Mueren los recuerdos más brillantes, y la oscuridad inunda mis neuronas. Propago olor a desesperación allá por donde paso. Pero, ¿qué puedo hacer?, si no me queda nada.
Me queda una triste foto, de esas en blanco y negro. Y me queda una puesta de sol. Y luego otra, y otra, y otra... Jamás pensé que las horas pasarían tan deprisa, ni los segundos tan despacio.
Y día tras día, regreso a mi innovadora rutina: innovadora porque el alcohol borra mi despechada memoria. Y tal vez, sino lo hiciera, me sentiría aún más rastrero.
Día tras día regreso a ese balcón, a la misma hora, con la misma ropa. Y la espero. Espero verla llegar, espero verla aparecer, con su natural y genial desparpajo, con su vestido de flores y su sombrero de paja.
Pero luego recuerdo que ella no volverá, nunca volverá. Se fue, se fue por mi culpa. Fui demasiado cobarde como para no dejarla ir, al igual que lo soy como para quitarme la vida. Lo he pensado tantas veces que me parece tan natural como montar en bici.
Y entonces, como cada noche, tras horas de no pensar, la verdad me abruma. Solo, cobarde, débil.
Y como cada noche, me ahogo en alcohol hasta que pensar duele.

viernes, 20 de septiembre de 2013

Drg.

La eternidad existe. Se encuentra en la simpleza.
No hay recuerdo más eterno que el de un simple café en invierno, entre sencillas conversaciones con gente desconocida, pero que te conocen mejor que nadie.

Tal vez nadie dijo nada porque las palabras estaban de más. No se encontraba frase que hilar entre tantas miradas y sonrisas. Enredados, no se daban cuenta de que el tiempo corría. Una sabana y una persiana les tapaba la luz del sol. O tal vez la de la luna. Jamás lo supieron.
Pendiendo de la punta de tu cigarro y ardiente como el fuego que lo prendió. Te espero entre calada y calada, con la esperanza de ver tu silueta desnuda entre el humo. Pero el filtro ya quema, y tu no apareces. Con las chispas entre los dedos, mis esperanzas se desvanecen.

miércoles, 18 de septiembre de 2013

AL.

Quiero abandonar mi vida. Abandonar mi ciudad, mi país, y ser una trotamundos. Quiero abandonar una vida, para vivir quien sabe cuantas. Quiero llorar en alemán y reír en portugués. Abandonar mis costumbres, abandonar a mis vecinos. Abandonarme a mi misma para crearme de nuevo. Empezar de nuevo a crecer como persona.
Comenzar de cero o de menos uno.
Quiero olvidar para crear nuevos recuerdos. Quiero olvidar para no echar de menos.

jueves, 25 de julio de 2013

N.

Que no os engañen con palabras falsas ni con vanas promesas. Que nadie tiene lo que se merece, que la vida no es justa.
Que hay cosas que no se superan, que hay momentos que no se recuperan.

domingo, 16 de junio de 2013

La vida no es un camino de rosas. Creces pensando lo contrario; creces protegido, rodeado de personas que darían la vida por ti, que te hacen la vida más fácil. Pero llegará el momento en el que tengas que salir al mundo tú solo. Ya sea a comértelo, a analizarlo o a escribirlo. Ese momento llega, para algunos antes, injustamente, para otros después. Pero llega. Tal vez haya momentos en los que te hundas, en los que pienses el por qué estás aquí, o el por qué debes seguir adelante.
Yo ya conozco mis motivos para no rendirme. El primero, es hacer que ellos se sientan orgullosos. Ellos, mis modelos a seguir. Ellos, que aceptan lo que les ha dado la vida con una sonrisa en la boca. Tal vez poca gente me entienda, pero merece la pena intentarlo. Ellos han hecho de un, en un inicio problema, el mayor orgullo de sus vidas. Él, siempre fuerte y dispuesto a sonreír. Ella, siempre cariñosa y comprensiva, dispuesta a escuchar.
Pocas personas saben lo que han sufrido, pero ellos jamás se han dado por vencido. Han luchado en las mejores y en las peores, solo por verlo crecer feliz. Y yo, como su hermana, se que aunque no sea capaz de decirlo, les agradece cada sacrificio y cada batalla. Siempre les sonríe cuando los ve, sin saber que ese es el mejor premio que ellos puedan recibir.
Mi segundo motivo es mi hermano, mi bebé, el que siempre, incluso dentro de 20 años, será mi pequeño. Porque él es así, pequeño. Pero muy grande a la vez. Él es mi mayor impulso. Siempre ha sabido comprenderme, aunque no pueda aconsejarme. Ha sabido, con simples miradas, animarme en cada momento. Y ha sabido sonreír siempre para mí. Es, para mí, un ejemplo en la vida. Algunos pensarán que es una pena, o que tal vez lo miremos y pensemos con lástima. Pero no saben cuanto se equivocan. Hace años le tenía celos porque captaba toda la atención, y ahora, incluso capta la mía. Tal vez él no lo sepa, porque yo no se lo demuestro y digo lo suficiente, pero lo quiero más de lo que nunca querré a nadie. Y se que él también me quiere. Y puede que algunos lo duden, pero siempre me tendrá para cuidarlo, y darle la mejor vida que pueda tener.
Mi mayor motivo para dar paso tras paso es saber que algún día, será mi responsabilidad, y que dependerá de mí. Pero jamás supondrá una carga, aunque lo pueda parecer. Porque oírlo reír será suficiente recompensa para cualquier esfuerzo.

lunes, 3 de junio de 2013

Me dejaste con la palabra en los labios.

Una vez me contaron que la mejor parte de la vida era no dejar que nadie decidiera por ti. Y yo he decidido que hoy empiezo a vivir.

miércoles, 29 de mayo de 2013

ness.

Hace poco me dio por andar despacio, por saborear la vida y recordar los segundos. Al principio, la inercia me empujaba, pero con el tiempo me acostumbré a sentir más fuerte, con más intensidad.
La vida es un camino inevitable; para unos un problema sin solución, y para otros un libro por escribir.
Pero la veas como la veas, es algo. Y como todo ''algo'', tiene su final. Pasar por ella y no disfrutarla, sería algo así como ir a un cumpleaños y no comer tarta.
Ayer salí a pasear entre letras, y me dí cuenta de que mucha gente va a cumpleaños y no come tarta. Mucha gente se siente atada a la vida por obligación, y no por privilegio.
La tristeza es como una enfermedad que produce pandemia; es contagiosa, y cuando la sufres, piensas que no tiene solución. Pero yo conozco una solución. Bueno, en realidad, conozco unas cuantas, pero la que predomina sobre las demás, es la risa.
La risa, como medicamento, debería venir con prospecto e instrucciones. Yo pondría dos principales:
1.) No aplicar risa a tristezas inmediatas y recientes.
2.) En el caso de dichas tristezas, recurrir previamente a un poco de llorera, y reír cuando no apetezca llorar más.

Creo en la felicidad perpetua. Por eso mientras paseo entre poemas, le devuelvo sonrisas a la gente con miradas tristes. Y creo que las sonrisas, al igual que la tristeza, son contagiosas.


martes, 28 de mayo de 2013

Ftre.

Tengo una mala noticia: ayer crecí. No, no de estatura, sino de malas experiencias. También tengo una buena noticia: tan pronto me había dado cuenta, lo remedié. No me gustó el sentimiento el poco tiempo que perduró.
Los adultos no saben nada de la vida; no saben amar ni querer de la forma en la que lo hacemos los niños, ni tampoco saben divertirse con una caja de cartón.
Los adultos de hoy en día están muy malcriados, son demasiado materialistas; ellos solo buscan coches, ellas solo buscan joyas, y en general solo buscan dinero.
Los adultos tienen mucho que aprender, y nosotros mucho que enseñarles. Cuando todos los adultos aprendan a querer como un niño, el mundo será un lugar mejor.
Hasta entonces, niños, tened paciencia. Son personas testarudas y perdidas, de ojos cerrados, que solo necesitan comprensión.

jueves, 23 de mayo de 2013

121

La oscuridad se apodera de las calles de la ciudad. La luz enfermiza de las farolas brilla de forma escasa, mientras multitud de personas caminan dirección a diossabedonde con bolsas cargadas de botellas de alcohol. Una ambulancia se dirige a toda prisa al hospital más cercano. Las salas de cine están llenas, los teatros resurgen, y el aeropuerto contempla inerte miles de saludos y despedidas. No importa la hora, ahí fuera siempre hay acción.
Sin embargo, aquí dentro llega una hora donde las luces se apagan y las palabras sobran y hacen falta. Cada noche la misma historia, cada noche vuelta a empezar. Es como si con la oscuridad, triunfara la tristeza, el desasosiego. Todas la noches reinan las lágrima, y se dan los sollozos como banda sonora. Banda sonora de nadie, banda sonora que nadie escucha, ni si quiera por casualidad.
Solo los espíritus de generaciones antiguas me escuchan a altas horas de la noche, pero tal vez yo, en la soledad de mi cuerpo, tenga suficiente como para no querer hacerme oír.
Mientras que la ciudad siempre está llena de risas, llantos, lloreras, sollozos y sonrisas, mi mundo está lleno de nada.

sábado, 4 de mayo de 2013

Hemicraneal.

(Esto pensará mi cabeza en la graduación.)
''El tiempo ha pasado, y sigue pasando. No se para, sigue adelante.
Esta etapa se termina, y, por mucho que a primera vista nos alegremos, en el fondo estamos teñidos de tristeza.
Se acabó, se ha acabado esa rutina de levantarse todos los días a las 7:30 de la mañana, de pasar seis horas con personas que, hace un año, tal vez eran unos desconocidos, y ahora son más que simple compañeros. Son amigos. Se han acabado las risas en clase por cualquier idiotez, o el quedarse de pie media hora por llegar tarde. Todo eso se terminó. E, inevitablemente, tras este día, muchas personas no volverán a hablarse como confidentes, no volverán a ser más que compañeros, y volverán al área de conocidos. Quedarán en el recuerdo, y cuando hablemos de ello dentro de unos años, no podremos evitar reír, mientras nos invade un sentimiento indescriptible de nostalgia. Hemos puesto fin a una fase, para poder comenzar otra.
Este día va a marcar un antes y después en nuestras vidas. Porque no es un día cualquiera. Es el último día en el que, realmente, seremos una comunidad, una piña. Y mañana, cuando despertemos con un dolor de cabeza del quince, unos reirán, al acordarse de no todas las burradas que haremos esta noche. Pero otros, como yo, no podremos evitar llorar. Mañana empezaremos a vivir como adultos, independientemente de nuestra edad. Esta noche es una noche de cambios, en la que entramos como estudiantes de bachillerato, y saldremos como novatos de universidad.
Hemos pasado juntos demasiado tiempo, nos hemos convertido en parte de otras personas, y siempre estaremos en sus futuros recuerdos.
Pero ahora se abre una puerta nueva para nosotros; no os dejéis engañar, no somos la generación perdida. Somos una generación que sabremos sacar provecho de nosotros mismos, de las mejores y las peores situaciones, somos una generación más; pero diferente. Siempre seremos diferentes.
Los años que nos esperan van a ser duros, pero tan irrepetibles como los que hemos dejado atrás. Y tal vez, por eso, deberíamos salir de aquí esta noche con la cabeza bien alta.
No nos engañemos: nos esperan decepciones, nos esperan llantos y lloreras, y tal vez nos esperen demasiadas desilusiones. Pero también nos esperan risas, veranos inolvidables, nuevos amigos y, por qué no, a más de uno el amor.
Por eso, compañeros y amigos, yo os invitaría a avanzar ahora con más fuerza que nunca, a vivir estos años universitarios de forma inigualable y, sobre todo, a no olvidar jamás lo que, hoy, esta noche, ahora mismo, estamos dejando atrás.
Porque lo vamos a echar de menos, y porque hoy, esta noche, ahora mismo, hemos dejado de ser unos niños, a los ojos de cualquiera que nos vea; emocionados y fuertes.''
La verdad es como una manta que siempre te deja los pies fríos. La estiras, la extiendes y nunca es suficiente. La sacudes, le das patadas, pero no llega a cubrirnos. Y desde que llegamos llorando hasta que nos vamos muriendo sólo nos cubre la cara, mientras gemimos, lloramos y gritamos

lunes, 22 de abril de 2013

Al grito de...

Corro. Las ramas de los árboles rasguñan mi piel. Pero eso es lo que menos me importa en este momento. Solo pienso en huir. Huir. Huir. Intento seguir a mis compañeros, pero los pierdo de vista. Escucho tiros, gritos, insultos, e incluso súplicas. Aunque ésto último, en menor medida. Llevo mi pequeña pistola en la mano. Con una sola bala. Y ya se lo que eso significa. ¿Cómo me he podido dejar el fusil en el campamento?
El sudor me cae casi a chorros, pero se que si paro, me alcanzarán. Y no les voy a dar esa satisfacción. Esos asesinos no me van a coger, por lo menos con vida. No se cuanto tiempo llevo corriendo, pero aun escucho la respiración agitada de algunos rezagados que, como yo, pensaban que podríamos luchar contra ellos. Pero nos superan. En número, y en calidad de armas.
No puedo seguir corriendo, me fallan las piernas, y me dejo caer. Me escondo como puedo, temblando, detrás de unos arbustos. Veo pasar a ''rebeldes'' de todas las edades. Nos llaman rebeldes por tener una ideología contraria a la dictadura, y se piensan que ya han ganado la guerra. No saben lo equivocados que están. Esta guerra no terminará hasta que no derriben al último republicano que quede en pie. E incluso entonces, el pueblo reclamará el poder que le pertenece; el de decidir. Lo que los de arriba no saben, es que, si los de abajo se tambalean, ellos terminan por caer. Pero algún día les enseñaremos la lección.
Mi corazón casi ha recuperado su ritmo normal, así que decido ponerme en pie e intentar correr hacia el campamento más próximo. Entonces, lo veo. Un militar, me apunta con un rifle. No debe tener más de 25 años. Seguro que nunca ha disparado contra nadie, ya que se le ve indeciso. Pero yo conozco cual será su decisión final. Lo miro a los ojos al grito de ''¡Viva la República!'', y lo último que siento es como mi dedo aprieta el gatillo al lado de mi sien. 

domingo, 24 de marzo de 2013

Los jóvenes de nuestra época flipamos con películas de la Nouvelle Vague, admiramos que nuestros abuelos hayan pasado toda una vida juntos sin estar con nadie más y se nos cae el moquillo cuando vemos el beso de Iker Casillas y Sara Carbonero. Pero en el momento de la verdad la locura por amor más grande que nos atrevemos a hacer, es enviar la ''solicitud de amistad'' .
SOMOS ROMÁNTICOS QUE NO CREEN EN EL AMOR.
Y como no creemos en él, no dejamos que pase.


B u.

Hace generaciones existió una princesa, una bella princesa, llamada Cinderella. Con una larga cabellera color pajizo y unos profundos ojos castaños.
Vivía apresada en sí misma, encerrada en su interior. Dicen que no confiaba en nadie. Que lloraba cada noche y le tenía miedo a la felicidad. Hasta que lo vio a él. La primera vez que lo vio ella era una simple campesina, una más, un personaje secundario. No se atrevía a decir nada, por miedo a que se rieran de ella, a que le dijeran que una aldeana como ella jamás conseguiría estar a la altura de un príncipe.
A partir de entonces, en vez de llorar por las noches, comenzó a soñar. Soñaba con su voz, con sus manos recorriendo su cuerpo. Soñaba con sentir sus labios.
Día tras día, ella lo veía, de tan alto estandarte como siempre. Hasta que un día se cansó de no estar a su altura. Ese día lloró, gritó, rompió, pegó y pataleó, mas de nada le sirvió.
Cansada de ser quien era, decidió comenzar un juego, comenzó a fingir. Se paseaba por el castillo del que era sirvienta con un largo vestido azul, una tiara y unos brillantes zapatos de cristal. Pasaba por delante de su príncipe, una vez tras otra, pero él jamás se fijó en ella...
Cuenta la leyenda que el primer día de octubre, en una mañana fría, encontraron a una chica de largos cabellos pajizos... ahorcada. Con el rimel corrido de tanto llorar y los pies sangrientos: sus zapatos de cristal se habían roto. Dicen que parecía una princesa. Así que la enterraron como a tal.
Mas, el príncipe no acudió a su funeral. Estaba demasiado ocupado buscando a la sirviendo de profundos ojos castaños que tanto le había llamado la atención... ¿Cómo se llamaba?
Ah si, Cinderella...

martes, 5 de marzo de 2013

Blas de Otero.

Con palabras se pide el pan , un beso,
y en silencio se besa y se recuerda
el primer beso que rozó aquel pétalo
en el jardín de nuestra adolescencia.

Las palabras son tristes.Tienen miedo
a quedarse en palabras o promesas
que lleva el aire como un beso muerto:
pobres palabras que el olvido entierra.

Dadme una cinta para atar el tiempo.
Una palabra que no se me pierda
entre un olvido y un recuerdo.

Quiero que el aire no se mueva y venga
un mal viento que arrastre por el suelo
años de luz, palabras bellas...

domingo, 3 de marzo de 2013

Un sol que no alumbra.

Y bailamos bajo la lluvia, hasta que nos dolieron los pies. Sólo Madrid fue testigo de nuestra historia. Solo Madrid puede contar cuantas caricias nos dábamos por minuto, cuantas veces se tocaron nuestros labios en una tarde, y cuantas miradas se perdieron en el sol. El sol que esa tarde era más oscuro que nunca. El sol que esa tarde, nos obligó a despedirnos para siempre...              [TL]

Vivir(te)

Tal vez nunca debimos prometernos nada. Si hubiera sabido que ese "para siempre" tenía fecha de caducidad, tal vez las cosas serían diferentes. Yo seguiría entera, y tu no sabrías mi nombre.

sábado, 2 de marzo de 2013

Tu respiras; yo escribo.

Somos, queridos amigos escritores, unos enfermos. Como nuestro muy bien conocido Moga me (nos, realmente, pues no iba sola) confesó íntimamente, no somos personas normales. Las personas normales se quitan los problemas de encima hablando, o escuchando. Palabras, pero con sonido. Nosotros no. Nosotros nos alimentamos de palabras mudas, lo damos todo por ellas, y ellas nos devuelven los favores en forma de saco; saco donde meter hasta la ultima de nuestras inquietudes. A nosotros no nos gusta interaccionar con alguien, pero si con algo: con un papel y un boli. No somos gente de acción, por lo menos de acción real. Somos unos automarginados; nos encerramos a escribir, sintiéndonos violentos si hay alguien mirando. Sufrimos, sufrimos un problema mental. No, no somos normales. Sufrimos para escribir y escribimos para sufrir (o dejar de sufrir, depende del escritor). Cuál es nuestra enfermedad, es algo que no puedo contestar. Cada unos tenemos la nuestra.Si queréis, os puedo decir la mía: yo escribo para que me quieran. Así es. Pues cada vez que quieres a algunas de mis palabras, quieres a una parte de mi, por pequeña que sea esa parte. Pues, por eso escribo yo (carencia afectiva, lo llaman mis amigos). Pues, yo vivo por eso.
Sino fuera por las palabras y la posibilidad de usarlas , aún siendo mudas, yo no viviría. Y cada vez que alguna de mis líneas, te hace sentir algo, yo vivo de nuevo.

jueves, 28 de febrero de 2013

No seáis idiotas, y vivid mientras podáis.

Ellos lo hacen, ¿Por qué tú no?
Más que darte lástima, deberían ser un modelo a seguir. Ellos son fuertes. Nosotros solo lo fingimos.

Mi verdad, la mentira de Aristóteles.

La verdad Aristotélica no es más verdad que la mía. Cierto es que gran parte de sus obras se perdieron, las que no, se encuentran el Corpus Aristotélico, pero yo me baso en lo que sé. 
Y sé que Aristóteles, como cualquier otro filósofo (o por lo menos, la mayor parte de ellos) encuentra la felicidad en el saber, en la sabiduría y la inteligencia. En el conocer y la curiosidad. 
El ser humano se mueve por curioso. El objetivo del ser humano no es, por ejemplo, para un avaricioso, el hecho de tener dinero en sí, o para un lector, el hecho de tener un libro entre las manos. Es la curiosidad de que podré hacer con el dinero, o que aprenderé cuando me lea dicho libro. Al ser humano lo castigan por curioso, lo premian por curioso, lo maltratan por curioso, y vive por curiosidad. 
El objetivo de una vida humana es el conocimiento, una vida llena de saber, con un camino lleno de los miles o millones de datos que podemos acumular a lo largo de nuestras vidas. ¿Por qué? ¿Por qué nos dirigimos hacia esa meta? ¿Y no hacia la del placer carnal, por ejemplo?
Sencillo, simple. Porque desde pequeños, incluso desde antes de tener sentido común o de poder atarnos los cordones solos, nos han enseñado que aprender es bueno. Y nosotros, sin juicio alguno, hemos asumido lo bueno como el camino hacia la felicidad. Dicho en otros términos: solo el conocimiento nos lleva a la felicidad.
Y yo, como ser humano, no puedo discrepar más en este asunto. El conocimiento nos aburre, la curiosidad nos duele, y algunos de los datos que llegamos a conocer, cambian nuestras vidas, muchas veces para mal.
El ser humano no quiere vivir en una verdad dolorosa, prefiere una mentira piadosa que le haga feliz. 
El ignorante, es feliz. El que tiene pareja durante años, y no sabe que su pareja le engaña, (es más, ni siquiera se lo imagina) es feliz. El que lo descubre, estará triste durante días, meses, e incluso años.

Tal vez, vivir en una mentira no sea lo más correcto, ni lo más humano, pero a veces es lo más piadoso, y la única manera de ser feliz.

Aquel conoce cada consecuencia de sus actos, vivirá culpable por haberlos cometido. Aquel que los desconoce, vivirá. Simplemente, vivirá. Pues nada de lo que haya hecho tendrá repercusión en su día a día.

Dicho lo dicho, no me toméis por alguien a favor de la ignorancia. Soy una persona en búsqueda del verdadero significado de la libertad, el cual por cierto relaciono con el conocimiento. Lo que me lleva a oponer la libertad a la ignorancia, y por tanto a la felicidad. O por lo menos, a la felicidad perpetua.

Las personas que, como yo, busquen el conocimiento, pueden alegar hacerlo por diversos y diferentes motivos, pero todos éstos están movidos únicamente por un objetivo: el triunfo. 

Actualmente: el triunfo de sacar más nota que los demás. El triunfo de poder estudiar lo que quieras en la universidad. El triunfo de ser el primero en inventar una energía rentable cien por cien y ''contaminantemente'' hablando, nula. El triunfo de ser el primero en saber si el universo es infinito, de llegar a Júpiter, de crear una cura contra el SIDA... Triunfos, al fin y al cabo. Nos movemos por ir siempre un paso por delante de los demás, siendo estos pequeños momentos en los que tomamos la delantera o el control, los momentos que nos hacen feliz esporádicamente dentro de la libertad.

En resumen, puedes ser un ignorante constantemente feliz, o una persona libre, sabia, y con breves momentos de felicidad.