Hace poco me dio por andar despacio, por saborear la vida y recordar los segundos. Al principio, la inercia me empujaba, pero con el tiempo me acostumbré a sentir más fuerte, con más intensidad.
La vida es un camino inevitable; para unos un problema sin solución, y para otros un libro por escribir.
Pero la veas como la veas, es algo. Y como todo ''algo'', tiene su final. Pasar por ella y no disfrutarla, sería algo así como ir a un cumpleaños y no comer tarta.
Ayer salí a pasear entre letras, y me dí cuenta de que mucha gente va a cumpleaños y no come tarta. Mucha gente se siente atada a la vida por obligación, y no por privilegio.
La tristeza es como una enfermedad que produce pandemia; es contagiosa, y cuando la sufres, piensas que no tiene solución. Pero yo conozco una solución. Bueno, en realidad, conozco unas cuantas, pero la que predomina sobre las demás, es la risa.
La risa, como medicamento, debería venir con prospecto e instrucciones. Yo pondría dos principales:
1.) No aplicar risa a tristezas inmediatas y recientes.
2.) En el caso de dichas tristezas, recurrir previamente a un poco de llorera, y reír cuando no apetezca llorar más.
Creo en la felicidad perpetua. Por eso mientras paseo entre poemas, le devuelvo sonrisas a la gente con miradas tristes. Y creo que las sonrisas, al igual que la tristeza, son contagiosas.

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