Somos, queridos amigos escritores, unos enfermos. Como nuestro muy bien conocido Moga me (nos, realmente, pues no iba sola) confesó íntimamente, no somos personas normales. Las personas normales se quitan los problemas de encima hablando, o escuchando. Palabras, pero con sonido. Nosotros no. Nosotros nos alimentamos de palabras mudas, lo damos todo por ellas, y ellas nos devuelven los favores en forma de saco; saco donde meter hasta la ultima de nuestras inquietudes. A nosotros no nos gusta interaccionar con alguien, pero si con algo: con un papel y un boli. No somos gente de acción, por lo menos de acción real. Somos unos automarginados; nos encerramos a escribir, sintiéndonos violentos si hay alguien mirando. Sufrimos, sufrimos un problema mental. No, no somos normales. Sufrimos para escribir y escribimos para sufrir (o dejar de sufrir, depende del escritor). Cuál es nuestra enfermedad, es algo que no puedo contestar. Cada unos tenemos la nuestra.Si queréis, os puedo decir la mía: yo escribo para que me quieran. Así es. Pues cada vez que quieres a algunas de mis palabras, quieres a una parte de mi, por pequeña que sea esa parte. Pues, por eso escribo yo (carencia afectiva, lo llaman mis amigos). Pues, yo vivo por eso.
Sino fuera por las palabras y la posibilidad de usarlas , aún siendo mudas, yo no viviría. Y cada vez que alguna de mis líneas, te hace sentir algo, yo vivo de nuevo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario